Esta es una de esas historias que uno no cuenta con orgullo, pero que conviene contar, aunque solo sea para que otros no la repitan. Hace unos años contratamos al Ferrari de los CRM Y, ya puestos, también al integrador que ellos mismos nos recomendaron. Hasta ahí, todo muy de manual. Empresa que crece, CRM que se queda pequeño, fabricante top, integrador "de confianza". Quién se va a equivocar contratando a una empresa grande y que se anuncia en la F1... Lo que cualquier consultor te aconsejaría hacer. Pero lo que pasó después no lo cuenta nadie. Año y medio. Mil reuniones. Replanteos de alcance, revisiones, llamadas urgentes, "en el próximo sprint lo tenemos", "ahora sí que sí". Y el CRM, sin echar a rodar. Ni a paso ligero, ni siquiera trotando, literalmente sin moverse. La cantidad de dinero que dejamos por el camino prefiero no contarla, y no es modestia, es vergüenza pura. Cuando ya no quedaba forma elegante de salir, el tema acabó como acaban estas c...
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